mexicanos contra mexicanos

El peor enemigo de un mexicano es otro mexicano
Hace unos días me encontré una nota en un periódico digital mexicano, que exponía lo que desde hace años ha sido una constante en la relación entre mexicanos que radican en los Estados unidos, aunque esto no excluye a los que viven en otros países, lo cual es mucho menos frecuente debido a la cantidad de personas que se encuentran en esa situación. La nota se refería al grado de rechazo por parte de las comunidades mexicanas que ya residen legalmente en ese país vecino, hacia los nuevos residentes, principalmente los ilegales, sin importar que éstos sean paisanos, es decir, mexicanos. Por citar un ejemplo, se describen las campañas que se organizan para delatar, acusar y así provocar la intervención de las autoridades migratorias para la detención de los “ilegales” y provocar su consecuente deportación. En este momento se me vino a la mente esa frase que quizá ya han escuchado: “El peor enemigo de un mexicano es otro mexicano” sobre todo, cuando ambos viven en el extranjero. ¿Será esto cierto?
En este sentido yo he vivido mis propias experiencias, tanto en México como en otros países. En algunas ocasiones percibí de mis propios paisanos en el extranjero actitudes de altanería y arrogancia y nada más. En cuanto a mi estancia en Polonia puedo decir desde que llegué a vivir aquí hace ya casi ocho años, he tenido sólo una agria discusión con una paisana. Por otra parte, y como resultado de platicar con familiares, amigos y conocidos sobre este tema, puedo decir que el sentido de esta idea se fortaleció cuando me relataron sus propias experiencias. Lo más habitual en sus casos fue la poca amabilidad, la escasa solidaridad y en ocasiones insultos y agresiones verbales. -Eso sí-, cuando es 16 de septiembre, las comunidades mexicanas que radican en algún país extranjero se reúnen, la mayoría de los miembros se emborrachan, comen, toman tequila y se abrazan y cantan juntos en el contexto del famoso grito “Viva México”, pero cuando todo termina, este patrioterismo no vuelve a ocurrir, sino hasta el siguiente año.
Escribo todo esto porque percibo en la sociedad mexicana, un sentido muy marcado de división moral y espiritual, lo cual trae consigo consecuencias tan nefastas como las agresiones verbales y físicas, todo por querer “ser mejor que el otro” o simplemente por creerse poseedor de la razón absoluta, ante lo cual “hay que exterminar a quien piensa y siente diferente”. Lo estamos viviendo en el ámbito político, en el cultural y en el social. Ejemplos sobran, solo basta recordar las reacciones sociales y políticas que causan las decisiones del nuevo gobierno, la división de opiniones respecto a actos como el del último grito de independencia o las marchas feministas de esta semana. Alguien me podrá decir que son situaciones normales en las sociedades donde hay pluralidad y libertad de expresión y probablemente tenga razón, pero me parece que en nuestro maravilloso México las aguas de la intolerancia, de la violencia y de la agresión contra nosotros mismos se están desbordando.
